miércoles, 17 de junio de 2015

                                              HABLAR

Hablar. Escuchar. Sentir. Mostrar. Joaquín Oristrell lo tiene claro; cámara en mano y con el compromiso de un elenco insuperable se aventura a filmar esta radiografía social. Un barrio: Lavapiés. Una realidad: la nuestra. 80 minutos, medio kilómetro de recorrido, 20 personajes y muchas crisis -económicas, sociales, políticas, existenciales- que los van llevando de aquí a allá. Hablar. Qué poder el de la palabra. 

Está por ejemplo el trabajo de Marta Etura dando voz a esa mujer supercualificada, -dos carreras, tres idiomas- a la que nadie contrata, puede por infortunio del exceso de conocimientos. Su desesperación es la de muchos de los ciudadanos de un país que premia poco la excelencia. Está Astrid Jones como representante de toda esa parcela de trabajadores maltratados; Nur Levi como empeño fracasado de todas aquellas personas que buscan el ejercicio de la educación laica en un país hipócrita con un pie en el confesionario, el otro en la cárcel: “A mí me parece estupendo que usted haya ido a un colegio de monjas, pero usted no sabe cómo estaría usted si no hubiera ido a un colegio de monjas”; Melani Olivares como ciudadana exhausta, que ya no cree más mentiras procedentes de señores con corbata; Petra Martínez, Juan Diego Botto, María Botto, Peris-Mencheta, Raúl Arévalo y tantos otros.

¿Se encuentra el lenguaje pervertido? ¿Acaba por enturbiar el uso del lenguaje la celeridad con que la sociedad cambia y nos altera? ¿Tiene el ser humano capacidad para racionalizarlo todo? ¿Es la vida un bucle vertiginoso del que cuesta tomar perspectiva?

Un ejercicio que llama a la reflexión, profundamente realista, satírico. Un tímido esperpento que reivindica igualdad, justicia, tolerancia y libertad, siempre tras el disfraz de la anécdota.



No hay comentarios:

Publicar un comentario